En la descripción de los ejes temáticos 2, 3 y 4 del congreso se mencionan varias ideas que vemos oportuno articular para discutirlas desde nuestra posición.
Acceso a la información, libertad de expresión, accesibilidad y derechos digitales, las condiciones en que se ejerce la ciudadanía; qué políticas públicas necesita la región. Tensiones entre la ética institucional y las lógicas algorítmicas de las redes sociales; entre la diversidad de la institución y la necesidad de construir una identidad coherente; entre la interacción con la ciudadanía y el diálogo específico con los colectivos y equipos internos; entre la autonomía universitaria y las presiones del entorno político y mediático. Los modelos de gestión y sostenibilidad de los medios universitarios, las apuestas narrativas y formales que los distinguen, las posibilidades que abren las nuevas tecnologías para producir y distribuir contenidos con identidad propia, y el desafío de la accesibilidad como condición de una comunicación verdaderamente pública.
Partamos de un supuesto sencillo: si los medios de comunicación que la Universidad dispone son únicamente plataformas corporativas-comerciales-privativas, no podemos decir que estamos frente a una comunicación verdaderamente pública. Se hace necesario dimensionar qué implica la elección de estos medios como los únicos canales de comunicación para una institución pública y qué entendemos como público y accesible en la comunicación digital.
Son sabidos los problemas que la dependencia de este tipo de tecnologías acarrea. En la disputa por el sentido de lo común, plataformas como instagram, facebook o twitter imponen su capacidad de inclinar la balanza para maximizar sus beneficios como empresas. En ese afán por el crecimiento infinito, a sus directivos no les tiembla el pulso en hacer que sus usuarios se vuelvan adictos en el proceso, en amplificar la polarización y la desinformación, y en establecer criterios sobre qué puede decirse y qué no, condicionando el contenido y la línea editorial de quien publica. En resumen, el único bien común que les interesa es el que pueden extraer y exprimir para convertirlo en más poder y control. ¿Así queremos nuestros medios de comunicación? ¿Vale la pena insistir en un espacio que nos odia y para el que sólo somos mercancía?
La Universidad pierde la cuenta de instagram del Hospital de Clinicas por decisión inapelable y sin motivo de la plataforma, llevándose consigo todo el archivo de publicaciones y de información disponible de un soplo. ¿Por qué seguir insistiendo en donde perdimos el poder sobre nuestros archivos?
No podemos obligar a las personas a ser usuarias de medios comerciales, privativos y cerrados para acceder a información pública. Para sea verdaderamente pública debe ser accesible mediante protocolos libres de comunicación, que no exijan un dispositivo específico, una identificación, registros, ni pedir datos a cambio.
Al mismo tiempo el uso de formatos y plataformas cerradas no promueven la alfabetización tecnológica, creando ciudadanos de segunda clase en el acceso al ejercicio de la ciudadanía y absolutamente dependientes de las tecnologías cerradas. Vale cuestionarse cuál es el uso ético en someter a las personas a la extracción de datos y a un entorno digital de usabilidad hostil, con estrategias de diseño que condicionan o manipulan a los usuarios para que adopten acciones que no habrían tomado.
¿Hasta cuándo se va a seguir invirtiendo en estas plataformas?
Internet ha demostrado varias veces que puede no ser un infierno publicitario. Existen históricamente múltiples comunidades preocupadas por el desarrollo de una internet libre que resisten al avance de su cooptación por las corporaciones. Estas personas de todas partes del mundo han creado con toda su potencia imaginativa múltiples tecnologías que son públicas por su esencia, desarrolladas de forma colaborativa bajo las ideas de la cultura libre y el software libre. Podríamos decir que casi todas las tecnologías digitales se basan en el trabajo que fue regalado para el bien común, para la autonomía de las comunidades y las personas que usan internet como una herramienta constructiva para la vida.
Son protocolos de comunicación digital cuyas especificaciones son públicas, no tienen patentes restrictivas y pueden ser implementados por cualquiera sin pagar regalías. A diferencia de los protocolos propietarios (controlados por una sola empresa), los protocolos libres garantizan la interoperabilidad, la descentralización y la soberanía tecnológica.
El más conocido es el correo electrónico, los cuales permiten que un correo @gmail pueda comunicarse con otro @vera, @udelar, o cualquier otro servicio de correo. El protocolo http es otro que reina en pasar desapercibido, a pesar de que siempre está a la vista. Nos permite navegar libremente entre diferentes sitios web, como queramos, cuando queramos, en el navegador de preferencia, sin restringir el acceso. Para mensajería instantánea existe XMPP, un protocolo abierto y con cifrado, que permite que diferentes usuaries se comuniquen desde diferentes servidores, ya que no depende de una infraestructura centralizada para funcionar.
Lo novedoso es que dentro del área de las redes sociales existe un protocolo llamado ActivityPub, el cual permite que funcionen plataformas similares a las corporativas, pero con énfasis en la soberanía de datos y la gestión local de la infraestructura. A partir de este protocolo es que se hace posible lo que se conoce como Fediverso, la infraestructura de servidores federados que posibilita la interoperabilidad entre plataformas. La más conocida es Mastodon, con un estilo similar al de twitter, o Peertube y Pixelfed como alternativas a youtube e instagram, respectivamente. Lo que permite el protocolo es que las personas usuarias de cada plataforma puedan comunicarse entre sí sin la necesidad de estar registradas en cada una de ellas, e incluso estando en servidores diferentes.
Nada de esto sucede en plataformas como whatsapp, instagram, entre otras, donde el acceso es únicamente a través de sus interfaces controladas. Para entenderlo rápidamente, whatsapp utiliza de fondo la tecnología del protocolo XMPP, cerrándolo con el uso de su infraestructura privada (servidores de Meta) en lugar de federar con los servidores del mundo para una comunicación abierta.
Varias universidades y redes de investigadores de todo el mundo han implementado sus propias instancias independientes de Mastodon o participan de forma colectiva en servidores compartidos para la comunidad académica. Esto les permite mantener espacios de comunicación soberanos, descentralizados y libres de algoritmos comerciales. Algunas pueden elegir no federar con otras o mantener su contenido privado, solo para usuarixs con registro, pero al final, tomando sus propias decisiones sobre cómo quieren que su comunicación funcione.
Curso de posgrado sobre Ciencia Abierta de PEDECIBA Biología. ir
Este es el proyecto piloto de Mastodon de SURF: una plataforma comunitaria de redes sociales descentralizada para el sector holandés de investigación y educación. Permite a estudiantes, investigadores y equipos institucionales a utilizar y explorar Mastodon. ir
Listas seleccionadas de cuentas académicas en Mastodon, organizadas por disciplina. ir
Lo mismo está ocurriendo con museos, bibliotecas e instituciones públicas en el mundo, con argumentos como «cuando la información pierde su valor monetario percibido, los actores comerciales no tienen incentivos para mantenerla accesible».
Traducido de José Murilo: Ante la necesidad de llegar al público, museos, archivos y bibliotecas (así como universidades) migraron en masa a las grandes plataformas. La lógica era comprensible: ir adonde está el público. Pero esa decisión tuvo un costo que rara vez discutimos con la franqueza que merece. Cuando un museo publica su acervo exclusivamente en Instagram, ¿quién es el dueño de ese contenido? Cuando una biblioteca construye su comunidad solo en Facebook, ¿qué sucede con esa red si la plataforma cambia sus políticas o simplemente deja de existir?
La soberanía digital de las instituciones culturales opera en tres dimensiones que se refuerzan mutuamente. Preservación: ¿quién garantiza que el contenido existirá mañana? Acceso: ¿quién controla quién puede ver qué y bajo qué condiciones? Identidad institucional: ¿quién define la narrativa sobre el patrimonio? Sin soberanía en estas tres dimensiones, no existe una preservación real de la memoria cultural. Solo hay una ilusión de presencia digital y un grave perjuicio para las políticas digitales de cultura.
En el Fediverso se ofrece exactamente lo que las plataformas comerciales nunca ofrecerán: la posibilidad de que cada institución opere su propio servidor, con sus propias reglas, sus propios datos y su propia identidad. Y, aun así, comunicarse con toda la red.
Para museos, archivos y bibliotecas, esto se traduce en algo concreto: control total sobre los metadatos y contenidos del acervo; interoperabilidad con otras instituciones y con el público; independencia de algoritmos opacos; y alineación con principios de acceso abierto y bien público.
Con la existencia del protocolo público y la posibilidad de que las propias instituciones gestionen sus bases de datos, podemos empezar a abordar la memoria digital de manera institucional. Este desarrollo abre un campo de actuación considerable para los profesionales de las ciencias de la información, museólogos, archivistas y bibliotecarios, y potencia la innovación en las interfaces digitales de las instituciones de memoria.
La instancia "social.museus.gov.br" fue lanzada por el Instituto Brasileño de Museos (Ibram) en enero de 2024, con el objetivo de experimentar el uso de redes sociales descentralizadas en políticas públicas digitales. Al Ibram le interesa promover iniciativas que exploren tecnologías y arquitecturas de red capaces de ofrecer modelos de interoperabilidad (accesibilidad) y preservación para el patrimonio cultural digital. La garantía de un acceso permanente a estos recursos no puede depender de infraestructuras propietarias supeditadas a empresas tecnológicas extranjeras. ir
Brasiliana Museus es un servicio que reúne colecciones digitalizadas de museos brasileños, compartiendo la memoria colectiva y la historia, y celebrando la diversidad del patrimonio cultural de Brasil, constituyéndose en un espacio digital educativo para la investigación, la consulta y el aprendizaje. ir
Cuenta de Mastodon del Musée d'Orsay. ir
En Uruguay existe la instancia local de mastodon.uy, sostenida por la infraestructura de undernet (undernet.uy), un servidor comunitario autogestionado con diferentes servicios basados en software libre y el apoyo mutuo. Allí se está formando una red de investigadores y personas que integran la universidad que han tenido iniciativas como el curso de posgrado en Ciencia Abierta.
Dentro de la Udelar existe la iniciativa cielito.uy, administrada por la Red de Unidades Informáticas del Interior (redUI), el equipo y espacio de colaboración de profesionales y técnicos de informática que trabajan en las sedes regionales, Centros Universitarios Regionales (CENURes) y otros servicios de la Universidad de la República en el interior de Uruguay.
“En la comunidad Cielito nos juntamos para desarrollar y operar servicio justos y leales, como alternativas a los que se remuneran monetizando nuestros datos. Para eso, integramos software libre en en nuestras propias infraestructuras de servidores en internet.” En cielito podemos encontrar servicio en la nube con editor de documentos, una instancia para repositorios de gitlab, de etherpad, peertube, chat con element/matrix, entre algunos otros, disponibles para estudiantes y personas que integren la Universidad, yendo más allá de la dependencia de las plataformas corporativas y eligiendo infraestructura local, soberana y universitaria.
Instancia uruguaya de Mastodon, alojado en la infraestructura de Undernet. ir
Canal de Peertube del curso de Ciencia Abierta, alojado en la infraestructura de Cielito, en la redUI (Udelar). ir
Las grandes corporaciones tecnológicas son piratas que se basan en el trabajo robado y no pago de miles de personas que regalan su tiempo para el bien común. Ellos siguen lucrando y beneficiándose de explotar nuestra atención y los datos que generamos simplemente siendo usuarios de su tecnología. No es más que un círculo que no tiene fin, al estilo de un casino nos tienen detrás de una promesa que nunca se va a cumplir, dejando nuestro tiempo y recursos en el camino. Tenemos que entender que la tecnología que nos ofrecen ya existe, sólo hay que organizarnos y usarlas como corresponde. Es ridículo seguir consumiendo y pagando publicidad por un servicio que es público. Tenemos que construir sistemas que sirvan para cada rubro y salgan de esa lógica tóxica y adictiva. Espacios para el ámbito universitario, para el uso personal, para la comunicación pública e institucional. Por una interacción con la tecnología mucho más saludable y menos invasiva, que se sienta tan inocua como sacar un papel para escribir, que eso es la tecnología.
Granjas de bots
Si los medios universitarios son laboratorios para experimentar ¿por qué no abrirse a la posibilidad de los medios libres? No sólo como una práctica comunicacional, sino como una postura ética y política, que pone el valor en la soberanía sobre los datos, las tecnologías, los lenguajes y los formatos con identidad propia, sin la huella externa de la lógica comercial de las plataformas corporativas.
Los medios universitarios pueden demostrar cuál es el camino para una comunicación pública, verdaderamente accesible y con foco en las personas. Tienen la posibilidad de estar a la vanguardia de lo que se debe hacer y de exponer lo que nos lleva por mal camino. Hacen falta iniciativas que promuevan y apoyen estos proyectos desde la base, con el objetivo claro de construir una comunicación saludable y democrática. Las universidades latinoamericanas pueden hacer alianzas para facilitar el acceso a la infraestructura necesaria, para compartir los saberes para mantenerlos, administrarlos y sostenerlos a largo plazo.
Debemos exigirnos disponer de espacios para servicios digitales públicos: mapas, correo, espacio en la nube, editores de documentos y plataformas de comunicación. Lo mismo que ofrecen las big tech, pero sin toda la extracción y acumulación de datos de la población para vendernos algo más. A qué escalas debe suceder, si a nivel país o barrial, cómo se procesan esos datos y qué podemos hacer con ellos, son decisiones que tenemos que tomar colectivamente para construir algo que todavía no existe, pero que va a ser nuestro.
Es hora de volver a soñar con una tecnología que tenga un potencial liberador. Es necesario cuestionar la creencia de que las consecuencias de los cambios tecnológicos en la sociedad son inevitables. La tecnología no es apolítica, y es momento de crear tecnologías que reflejen nuestros valores.
Algunos enlaces de interés para profundizar: